Decir “no puedo con todo” puede sentirse como una derrota, aunque en realidad sea una señal de lucidez. Muchas personas no se agotan por falta de ganas, sino por intentar responder a demasiadas demandas al mismo tiempo. Trabajo, familia, amistades, casa, proyectos personales, mensajes, favores, expectativas propias y ajenas. Todo compite por un lugar en la agenda y, cuando algo queda fuera, aparece la culpa. Priorizar no significa volverse egoísta ni dejar de cuidar a quienes